La envidia

Envidiar, es morir hacia adentro

y vivir  hacia fuera

 

En la medida que avanzamos dentro de la sociedad, como parte integrante de la misma, vamos adquiriendo las pautas necesarias para formar nuestra personalidad, siempre en crecimiento, de lo interno y mucho de lo externo.

Observamos muchas personas que tienen casas mejores a las nuestras, más grandes o cómodas; se pasean mostrando unos cuerpos espectaculares causando la admiración del entorno; parece que todo le favorece, entre otras cosas. Justo cuando hacemos el primer cuadro comparativo con aquello que no poseemos, se puede anidar en nosotros ese flagelo doloroso, conocido como la envidia.

Cuando no aceptamos quiénes somos, de dónde venimos,  teniendo un vago conocimiento de nuestras aptitudes, nos volvemos presa fácil de sentimientos encontrados, los cuáles podrían generar un daño de graves consecuencias personales. Tenemos que darnos el justo valor, ¡Nadie! ¡Absolutamente nadie! Nos valorará con la fuerza que nosotros podamos hacerlo. Claro ésta, así como encontramos personas que no nos apoyan, también tendremos a quiénes lo hagan; pero la fortaleza real estará en nuestro interior, el empuje es interno, creer en nosotros.

Todos o una gran mayoría hemos sentido envidia de los demás en algún momento, y eso puede contribuir a crearnos un infierno, cuando no aceptamos la cosas como debe ser, y no como queremos que sean. Tanto así que podríamos sentirnos felices de los males que le sucedan a otros.

Tenemos como meta, permitir que nuestros juicios fluyan, cuál río viviente en su propio proceder. Sino, estaremos mirando a cada lado, siempre los de afuera, creando en nosotros “cascarones vacíos”.

Conocemos nuestro proceder interno, siendo así, es mucho más fácil buscar todos los elementos fundamentales donde creamos nuestra personalidad. Realmente si no es de esa manera, para nosotros, los del “mundo externo” son felices, ganadores, que poseen todo, mientras   nosotros tenemos la peor parte.

Como humanos debemos dejar de ser piezas de circo, de espectáculos creados donde la realidad subyace con profundo dolor. No existe un hombre vivo sobre la tierra, que no tenga problemas.

Comencemos poco a poco, valorando esas pequeñas cosas para nuestro entender, válidas e importantes; no pretendamos dominar el universo, si ni siquiera podemos tener valor para hablar. Dejemos los temores, demos ese pequeño pero gigantesco paso. Somos importantes en la medida que respetemos nuestras decisiones, claro está, en armonía con la humanidad representada por nuestro entorno. Eliminemos nuestros fantasmas y así avanzaremos como una sociedad de gran futuro”

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2 comentarios el “La envidia

  1. No podemos seguir como robots, impasibles ante las situaciones de vida; somos dueños de nuestro presente y es ya.

  2. amdo amigo me parece muy rnteresante tu livro deseo los mayores exito te bendigo amigo

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